Los buenos libros provocan la evocación de otras lecturas y realidades guardadas en la memoria del lector, además del placer estético por su calidad literaria y la delicia intelectual por el conocimiento de las materias tratadas. Esto sucede con Un diablo al que le llaman tren. El ferrocarril Cartagena-Calamar, del historiador caribeño Javier Ortiz Cassiani, publicado por el Fondo de Cultura Económica.


