A partir de sus impactantes acontecimientos, la Revolución Francesa (1789) despertó las reacciones más diversas y las formas más inimaginables de interpretarlas. Durante las primeras décadas del siglo XIX, el problema social, que floreció en parte como consecuencia de esta “aurora del mundo”, determinó una nueva forma de contemplar este acontecimiento histórico-universal. Tres personalidades intelectuales de primer orden: Lorenz von Stein, Karl Marx y Alexis de Tocqueville, provenientes de tres mundos político-sociales y académicos diferentes, se enfrentaron a evaluar la importancia de la Revolución Francesa a la luz de los convulsos acontecimientos de su siglo. Sus miradas inquisitivas no solo enfatizan la indeleble prevalencia de los acontecimientos que derivaron del 89 a Napoleón, sino que también descubren un horizonte social para la historia como un hito decisivo. La historia deja de ser una historia de acontecimientos, datos o fechas, en el sentido tradicional de una crónica, e incluso la historia ya no se contempla como un asunto racional en la tradición ilustrada. La Revolución Francesa, gracias a estos tres autores, supera su circunstancialidad temporal y se eleva a la categoría de una estructura de sentido inmanente. En otras palabras, von Stem. Marx y Tocqueville, en contraste con Leopold van Ranke, construyeron un nuevo sentido de la historia, particularmente desde las raíces incuestionables del mundo contemporáneo.


